El hambre aumenta.


Viñeta tomada de “El Nuevo Diario” de Managua, donde se observa en tono lúdico  cómo se las ingenian los “nicas” para poder comer con la situación salarial y el alza de los alimentos en el país.

 

 

Según un informe publicado el día 18 de septiembre de 2008 por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el número de desnutridos en el mundo ha aumentado en 75 millones de personas en el año 2007. Antes de la reciente alza de los precios de los alimentos el número de personas desnutridas en el mundo era de 850 millones. Hoy las personas desnutridas suman en el mundo 925 millones.

 

La FAO reconoce que alcanzar la meta fijada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 de reducir a la mitad la cifra de hambrientos es una posibilidad cada vez más remota.

 

Los datos del Banco Central de Nicaragua son definitivos: el salario mínimo en el país es de 1,197.0 córdobas al mes, mientras que el coste de la canasta básica familiar es de 8,674.9 córdobas al mes. Es decir, un trabajador necesita SIETE EMPLEOS para cubrir las necesidades de su familia. Estos datos son tan ridículos que darían risa si detrás no hubiera grandes dramas. 

 

La estructura de nuestra sociedad actual, cada vez más global e interconectada, no puede calificarse de otra manera que de vergonzosa. Los ricos del mundo son cada vez más ricos a pesar de la crisis financiera mundial: el dinero llama al dinero. Según el diario El País, de España, “el 1% de todas las familias poseían el año pasado el 35% de las riquezas del mundo, y el 0,001 por ciento, los más ricos entre los ricos, que poseen al menos 5 millones de dólares (3,5 millones de euros) en activos, contaban con 21 billones de dólares (14,7 billones de euros), un quinto de la riqueza mundial total”. En conclusión: nuestros hermanos, los seres humanos que en este momento comparten el planeta con nosotros, siguen muriendo de hambre por un puro cálculo político y económico. Por codicia y sin piedad.

 

No podemos seguir de brazos cruzados, y no hay excusas: la pobreza y el hambre están ahí, a la vuelta de la esquina. Es hora de que hagamos algo, cada cual de acuerdo a sus posibilidades, para frenar esta escalada de ignominia.

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